Castillos de Palencia
Piña de Campos
Puerta del Arco

En la Alta Edad Media, la localidad aparece formando parte de la comunidad de las Nueve Villas de Campos, junto con Támara, Amusco, Amayuelas de Arriba, Amayuelas de Abajo, y las poblaciones ya desaparecidas de Alba, Herrumbrada, Veronilla y San Esteban. Cada localidad tenía ordenanzas propias y sus propios diputados. Sus fueros fueron otorgados por Alfonso VII en 1130 y ratificados por diversos reyes.

A mediados del siglo XIV en el Becerro de las Behetrías de Castilla aparece con el nombre de Piña de las Nueve Villas, lugar solariego de Garci Fernández Manrique e hijos de Pedro Ruiz Sarmiento, de Juan García Cabriales, de la abadesa de San Andrés de Arroyo y de la Orden de San Juan. Pagaban al Rey servicios y moneda pero no fonsadera, martiniega ni yantar.

Mas tarde fue señorío de la familia Reinoso, señores asimismo de Autillo de Campos, quienes venden la villa a Juan Manrique, primer Marqués de Aguilar.

En 1414 Juan de Velasco, señor de Herrera de Pisuerga, forma mayorazgo a favor de su hijo Fernando al que entrega, entre otros bienes, la casa fuerte que tenía en Piña de Campos. Más tarde, en 1443, Fernando de Velasco, que ocupaba el cargo de camarero del Rey, cambia esta villa con Juan Fernández Manrique por los lugares de Barcenilla, Mudá y Vergaño. Ese mismo año Juan II concede el señorío de Piña al Conde don Juan.

Plano del s. XIX donde aún se aprecia el castillo

Durante el levantamiento comunero de 1521, es una de las localidades que visita el Obispo Acuña en su recorrido por Tierra de Campos, siendo acogido favorablemente por la población, aunque tras la derrota de Villalar, para evitar males mayores, ofrecieron grano para el ejército real que resistía en Logroño la invasión de los franceses.

El censo de 1591 recoge la cifra de 330 vecinos pecheros en la localidad, una de las más altas de la merindad de Monzón.

A mediados del siglo XVIII la villa figura como lugar solariego de la Marquesa de Villena y Aguilar, con 110 vecinos, entre los que no se incluyen los eclesiásticos. Consta el casco urbano de 137 casas habitadas, 21 inhabitables y 16 arruinadas. En 1886 Emilio Valverde y Álvarez indica que la población asciende a 1.223 habitantes, y 428 viviendas.

De la antigua muralla que rodeaba la villa sólo se conserva una de sus puertas construída en el siglo XVI y conocida como el Arco de la Plaza. Con una altura de 7,50 metros, se adelantaba sobre la muralla, presentando un precioso arco apuntado al exterior. En el interior es rebajado y encima aparece una Virgen en una hornacina. La puerta, de la que se conservan los goznes superiores, carecía de rastrillo para su defensa. En el siglo pasado se ha añadido encima de todo el conjunto un cuerpo de ladrillo en el que se instala el reloj municipal y una campana.

La plaza El Castillo, nos recuerda que en esta población, según menciona Raimundo Ruiz en el año 1828, existió "un antiguo castillo, de muy bonita construcción". A mediados del siglo XIX, Pascual Madoz, indica que aún quedaban "restos de un hermoso castillo almenado y coronado de 8 torres redondas,  adornadas de águilas, calderas y jarrones". Pocos años después, José María Quadrado contempla "un gallardo castillo, cuyos muros taladran saeteras en cruz, y cuyas torres angulares no menos que otras cuatro salientes en el centro de cada cortina coronan altas y piramidales almenas".

Iglesia de S. Miguel

La iglesia parroquial, está dedicada a San Miguel. Su construcción, sobre una románica anterior, es de mediados del siglo XVI y alberga un pequeño museo donde se exponen obras de arte sacro. A la salida del pueblo en dirección a Frómista, se conserva la ermita de la Virgen del Camino, patrona de la villa.

Como recuerdo de su pasado señorial se conservan en el casco urbano algunas casonas, como la de los marqueses de Aguilar, y la Casa Grande, mandada construir en 1772 por don Froilán Bruño de la Pinta, con 25 metros de fachada principal.