Castillos de Palencia
Castromocho
Iglesia de San Esteban

Castromocho fue lugar de asentamiento romano como lo atestiguan los restos, monedas y objetos de esa época encontrados en el cercano cerro de San Pelayo. Según algunos autores fue repoblada a principio del siglo X por el conde de Monzón, Rodrigo González-Ansúrez. Conocida como "Castro Cisneros", durante el primer cuarto del siglo XIII la villa es asolada por álvaro de Lara. En el Becerro de los Beneficios de la Catedral de Palencia, elaborado en 1345, aparece con el nombre de "Castro Mocho", y es cabecera de uno de los cuatro Arciprestazgos que forman el Arcedianazgo de Campos.

El Becerro de las Behetrías, siete años más tarde, nos informa que es behetría de señor natural, teniendo por encomendero a Juan Alfonso de Alburquerque, quien junto con su mujer Isabel Téllez de Meneses, son señores solariegos de las cercanas localidades de Meneses, Ampudia, Torremormojón; y asimismo, de las behetrías de Capillas, Fuentes de Nava, Becerril, Frechilla y Villarramiel.

Tienen por naturales a los Lara, Vizcaya, Girón, Manrique, Cisneros, Villalobos, Haza, Sarmiento y Juan Rodríguez de Sandoval.

Iglesia de San Esteban

Pagán al rey 1.600 maravedís en concepto de martiniega, además de servicios y moneda. Por su parte Juan Alfonso de Alburquerque recibe 600 maravedís por yantar. También disponía la villa de escribanía lo que ocasionaba un gasto de 266,40 maravedís.

Enrique IV dona en 1468 la villa de Castromocho, mediante real célula a Rodrigo Alfonso Pimentel, I Conde de Benavente. Ese mismo año, el concejo y vecinos hacen escritura de encomienda a favor del Conde, por la cual lo eligen como señor de la villa, constituyéndose en sus vasallos solariegos.

El 10 de enero de 1521, durante la Guerra de las Comunidades, el ejército comunero al mando del obispo Acuña, tras tomar el día anterior Trigueros, se dirige a Castromocho donde se encuentra la condesa de Benavente, quién le entrega la población sin ofrecer resistencia pues, a pesar de contar con un sólido castillo para su defensa, esta pobremente guarnecido.

Cinco años después, los 317 vecinos pecheros pagan la cantidad de 30.508 maravedís en concepto de Servicio a Su Majestad.

En 1589, el número de feligreses de la parroquia de San Esteban es de 263, mientras que el de Santa María de Colaña asciende a 215. Dos años más tarde se censan 472 vecinos, de los que 456 son pecheros, 4 hidalgos y 12 pertenecen al clero secular.

Iglesia de San Esteban

Con 440 vecinos, 1.500 personas, aparece en el Censo de la Sal de 1631, en el que también indican la existencia de 3.000 cabezas de ganado menor. Tienen un concierto para el suministro de 250 fanegas de sal, aunque solicitan únicamente 200.

La población asciende en 1768 a 991 vecinos, 483 hombres y 508 mujeres, repartidos entre 506 de la parroquia de Nuestra Señora de Caloña y 485 de la de San Esteban. En 1787 aparece la villa como señorío secular, con alcalde ordinario de señorío, incluida en el partido de Rioseco, intendencia de Valladolid. La población asciende a 1.115 personas, 572 varones y 543 mujeres. Por profesiones destacan los 106 jornaleros, 67 labradores, 37 artesanos y 23 fabricantes. Hay además 19 estudiantes, 16 hidalgos, 11 criados, 4 comerciantes, 2 escribanos y 1 abogado. Cuenta, asimismo, con 2 militares y 1 empleado con sueldo real. Por último, hay también 10 beneficiados, 2 tenientes de cura, 2 sacristanes, 2 acólitos, 1 perteneciente a órdenes menores y 1 dependiente de la Inquisición. El resto carece de profesión específica o son menores de edad.

Dentro de su término municipal cuenta con un convento de frailes Franciscanos Recoletos, dedicado a Nuestra Señora de los Ángeles, en el que hay 26 profesos, 4 donados y 2 criados.

Iglesia de San Esteban

En 1828 la villa figura en la provincia de Palencia, en el partido de Campos, con 314 vecinos, 1.138 habitantes. Los edificios, de una sola planta, son calificados de "peores que medianos".

Para la formación del ayuntamiento, de los 250 vecinos que se censan en 1843, únicamente 140 son electores.

Poco después, en 1850, la villa se incluye en el partido judicial de Frechilla, con una población de 264 vecinos, 1.373 almas, y un caserío formado por 310 casas, generalmente de buena construcción, entre las que destaca el ayuntamiento. En esa fecha el convento está abandonado.

Disminuye ligeramente la población en 1874 hasta los 1.349 habitantes, al igual que las casas que pasan a 300. Hay además un molino y varias casas de campo.

Posiblemente existió un castillo en la parte más alta de la localidad, donde se encuentra la Torre del Reloj, junto a la calle Castillo. Así parece confirmarlo el convenio subscrito en 1468, entre los vecinos de Castromocho y el Conde Rodrigo Alfonso Pimentel para incluir la localidad en el mayorazgo de Benavente, en el que se indica que "no les mandaría hacer fortaleza más que la que estaba hecha".

Iglesia de Santa María de Colaña

A pesar de este acuerdo, el Conde de Benavente comienza la construcción de una nueva fortaleza en 1491, aunque diez años antes ya se había iniciado la compra de casas y su posterior derribo para la obtención de los terrenos.

Esto provoca entre los vecinos "alborotos, levantamientos y yerros", que se saldan con la firma, el 20 de abril de 1491, de una carta de obligación por la que se comprometen a sacar 4 arrobas de piedra de la cantera que solían usar, trasladarlas y ponerlas a pie de obra de la fortaleza por cada maravedí que tuviesen de pecho durante los siguientes 5 años, aunque para algunos vecinos la cantidad ascendía a 64 arrobas.

Muerto el Conde de Benavente, el alcaide de la fortaleza Fernando Ortiz, se compromete en 1511 a su entrega a Alfonso Pimentel, II Conde de Benavente, tras el fallecimiento de la madre del conde. Este a su vez, se compromete a que la fortaleza tenga siempre ocho hombres para su guardia.

Según Pascual Madoz, a mediados del siglo XIX se trataba de "un magnífico castillo casi derruido, que a fines del siglo pasado era uno de los mejores, con excelentes baluartes y buenas obras interiores". La documentación recabada por el padre Pedro Junquera indica que tenía forma cuadrada, de más de cien metros de lado y se ubicaba en la zona conocida como "Eras Altas".

Iglesia de Santa María de Colaña

Estaba construido con muros de tapial, usando como materia prima la tierra que se sacó de la excavación del foso. Los lienzos, con cinco varas de espesor, estaban forrados exteriormente de ladrillo e interiormente de piedra.

El acceso se realizaba por una única puerta, situada en la mitad del lienzo Sur, con forma de arco de herradura. Sobre la misma un escudo de armas que en 1847 se encontraba picado. Dos pequeños muros semicirculares con aspilleras flanqueaban la entrada. Tanto las esquinas como el centro de los muros estaban reforzados por torreones circulares de piedra. En su interior tenía un pozo de abundante agua dulce, para surtir a la guarnición.

Albergaba en su interior un gran local de piedra, cubierto con arco de ladrillo que pudo servir de cuartel o almacén, además de cuadras para caballos con grandes pilas que se llenaban de agua del foso.

Probablemente en 1864 desapareció la fortificación, al utilizarse sus piedras para la reparación de la iglesia de San Esteban y la construcción de la vecina carretera.

Iglesia de Santa María de Colaña

Asimismo, la localidad estuvo rodeada por una cerca de fuertes muros de tierra, con baluartes. La entrada principal era la puerta de Colaña, que conducía al puente viejo, frente a la que existía un baluarte de 11 varas de largo, por 5 de ancho y 30 de alto. Por las cuentas del concejo, se sabe que en 1581 se salió una viga y se cayeron las hojas de las puertas.

Además contaba con la de Reoyo y la del Mercado, está ultima se abrió al construir el puente nuevo que daba salida a Villarramiel. Igualmente, en la parte oriental frente a Santa María había otra denominada el "Portillo" con salida a Baquerín.

Destacar en la localidad la iglesia de San Esteban, construida en el siglo XVI, aunque con modificaciones posteriores, en la que sobresalen sus portadas renacentistas. De tiempo inmemorial es la iglesia de Santa María de Colaña, conocida así desde 1474, con una bella portada plateresca protegida por un pórtico con un bello artesonado mudéjar y una torre con cinco cuerpos escalonados terminado con un chapitel de tejas vidriadas. Cuenta la tradición que la virgen titular del templo apareció en uno de los muros de la muralla que cercaba todo el pueblo.